Desde el suelo todo se ve tan grande…
No recuerdo cuando fue la última vez que rei tanto que me doliera el estómago, ni tampoco cuál ha sido la situación más feliz; es más dudo mucho de la existencia de ambos eventos.
Si la felicidad es todo lo contrario a la tristeza, obviamente estoy lejísimos. Si la tuviera que definir, sería todo lo que no siento y desconozco.
Tampoco el amor, ni lo cercano. Soy abanico de abismo, apatía y depresión. Toda cuestión en este tema es pura exageración.
Menos la libertad. Veintitres años malvividos y los pocos que vienen (igual de irrelevantes), presa de las reglas y régimenes con los que no simpatizo. Carezco de dinero, alma y libertad. Ya ni siquiera mi loca mente me basta. Loca de locura, se me ha ido lo poco loco.
Tres años haciendo lo que creía que me gustaba, y no. El peor error fue probar las mieles de la ‘pseudo-libertad’, para volver al frasco y sufrir por algo a lo que difícilmente volveré. Hubiera preferido la ignorancia.
Hoy corto mis alas y cualquier esperanza de sobrevivencia. Oficialmente tiro la toalla, rechazo y niego toda oportunidad de ser feliz. Y huyo, como la cobarde que ahora seré.