De lo que viene a mi mente un 31 de octubre…
Hace dos semanas un miembro de la familia partió al otro mundo. Su entierro fue duro, una mujer lloraba inconsolablemente y nadie sin poder emitir palabra alguna para recomfortarla; después de 25 años junto a alguien seguro extrañarás su presencia.
Panteón o cementerio da igual como lo llames, de todas formas es un lugar para guardar muertos. Cádaveres de personas relevantes, malas, bondadosas, enfermas… no todos los caminos llegan a Roma, pero sí a la muerte.
Jardines impecablemente verdes, rebosando de flores, velas y juguetes, repletos de envolturas de almas que lucharon de diversas maneras en una vida llena de sorpresas inimaginables.
No sé por que la gente tiene miedo a estos lugares. A mi me fascinan, son sitios en calma, con frecuencia vacios. Cientos de lápidas invitan a reflexionar sobre la vida, visitar a los que quisimos tanto, nos hace recordar lo buenos que fuimos con ellos y lo bien que la pasamos juntos.
Yo digo que hay que alegrarse por los momentos que disfrutamos con la persona y tenerla presente en la mente y el corazón, porque resucitaran en recuerdos y permaneceran vivos hasta que la eternidad de nuestra mortal vida lo permita.
Amén